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VITAL WAY Salud y Bienestar

Salud digestiva

El intestino no sólo está implicado en el proceso de digestión de nutrientes, también desempeña un importante papel en el mantenimiento de nuestro sistema inmunitario. Una flora estable y bien equilibrada es, pues, una garantía de salud.

Cuando nacemos, nuestro tracto gastrointestinal es estéril, está desprovisto de  microorganismos, pero rápidamente se desarrolla una microflora intestinal que se organiza a lo largo del tubo digestivo. Esta flora microbiana variará en función de la alimentación, uso de medicamentos, exposición a sustancias tóxicas y con la edad. Cada individuo presenta una flora intestinal única cuya composición viene determinada por el tipo de dieta. Esta flora no es la misma de niños que de adultos.

Por lo tanto, lo más adecuado es complementar la dieta con probióticos que contengan las cepas específicas para cada etapa de la vida. Los intestinos juegan un importante papel en el tratamiento de los desechos que se producen en nuestro organismo. También es el lugar donde se produce la absorción de los nutrientes esenciales provenientes de los alimentos que consumimos. La mucosa intestinal realiza esta absorción mejor o peor según su estado de funcionamiento. Si no se produce una eliminación de los desechos a diario, se puede alterar la salud intestinal; si este desequilibrio no se corrige a tiempo, a la larga, pueden aparecer problemas de permeabilidad intestinal que favorezcan la entrada de sustancias tóxicas en el torrente sanguíneo, que después pasarán hacia el hígado, donde serán tratadas, para, finalmente, ser eliminadas.

Hoy en día, la mayoría de personas presenta una flora putrefactiva (no saludable) en vez de una flora fermentativa (saludable) Esto es así porque existe un abuso de azúcares refinados y proteína animal en detrimento de alimentos que favorecen la salud intestinal y una flora fermentativa, como son los vegetales, germinados, alimentos fermentados, granos enteros, frutas, frutos secos y semillas. Es importante comprender que el tipo de alimentación que realicemos determinará la calidad y composición de nuestra flora intestinal. Así pues, un vegetariano desarrollará principalmente flora de tipo fermentativa, mientras que una persona carnívora desarrollará una flora de tipo putrefactiva.



Actualmente existen muchos factores, como el estrés, la mala alimentación, la contaminación ambiental y el mal uso de medicamentos, entre otros, que alteran el delicado equilibrio de nuestra flora intestinal. Síntomas como diarrea, estreñimiento o flatulencias y problemas como las cándidas nos pueden estar avisando de que nuestro sistema intestinal necesita ser restaurado con bacterias beneficiosas. Seguramente que más de una vez los nervios y las emociones te han jugado una mala pasada. A veces se te ha removido el estómago, otras veces te ha provocado diarreas o simplemente has notado un leve cosquilleo en la zona abdominal.



De hecho, ya hace más de 4.000 años que los egipcios observaron que el centro de nuestras emociones se encontraba en nuestros intestinos. También la medicina china define la zona abdominal como el lugar del cuerpo dónde se encuentran las transformaciones y mutaciones y donde se establece el Dian Tian inferior u «océano de Qi», lugar donde reside el Qi original, donde se encuentra la energía, la esencia y la raíz del hombre. Esta zona se encuentra situada entre dos y medio y cuatro centímetros por debajo del ombligo y a una profundidad de dos y medio a cinco centímetros. Actualmente se sabe que nuestro sistema digestivo se encuentra tapizado por una «telaraña» de células nerviosas y neurotransmisores que conforman el sistema nervioso entérico o «cerebro intestinal». Este entramado de nervios influye en el estado de ánimo, en el proceso de digestión de los alimentos y en el sistema inmunitario.

Así pues, nuestras emociones influyen de manera significativa en la respuesta de este sistema nervioso entérico que, tras un estímulo libera, al igual que nuestro cerebro, neurotransmisores como la acetilcolina, la serotonina7, la norepinefrina y otros como el óxido nítrico. Al igual que lo hacen nuestras emociones, cuando existe un estímulo de presión como el causado por el paso del bolo alimenticio, estos neurotransmisores se activan.

Un sistema intestinal saludable es sinónimo de un organismo saludable. Si presentas una flora putrefactiva seguramente tendrás más puntos para caer enfermo. Por ello, para conseguir una flora saludable, más bien fermentativa, es necesario el aporte de un buen complemento rico en probióticos y prebióticos. Los probióticos y los prebióticos son las nutrientes estrellas para favorecer un buen tránsito intestinal. Los probióticos son microorganismos que forman parte del correcto equilibrio de la flora intestinal; son los encargados de mantener una flora fermentativa e inhibir el crecimiento de microorganismos patógenos. Ingeridos en cierta cantidad, proporcionan efectos beneficiosos para el organismo.

En cuanto a los prebióticos, son sustancias que favorecen el crecimiento y la actividad selectiva de la flora intestinal respetando el ecosistema propio de cada individuo. Dentro de este grupo encontramos la fibra soluble (pectinas), los fructooligosacáridos (FOS), hidratos de carbono de origen vegetal como, por ejemplo, la inulina, y los cereales fermentados.